Es difícil sustraerse al mundo del Consumo pero hay un riesgo a evitar; es caer en el consumismo, en convertir el Consumo en nuestra única actividad, en la actividad más importante que termina dominándonos. Y a eso nos tenemos, todos, que aplicar. Bien es cierto que el entorno nos va a ayudar muy poco, por no decir que nada. Porque todo en él se convierte en un reclamo permanente que nos lleva a pensar que nuestra capacidad de ser hombre o mujer depende de que seamos capaces de consumir. Da la sensación que sólo consumiendo podemos alcanzar la felicidad, aunque sea la felicidad que nace de la posesión.Y resulta fácil caer en ese consumo desaforado que lleva a pensar que sólo consumiendo se puede ser feliz. Que sólo por medio de ese consumo es posible conseguir esa felicidad. Y no es así. El Consumo debe atender a nuestras necesidades. Y en este ámbito es donde se establecen las verdaderas necesidades de cada uno. Desde pensar que todo es necesario hasta hacerlo que nada lo es. Y tan grave es lo uno como lo otro a pesar de que hoy en día la primera tentación es mas perentoria que la segunda.
Por eso es importante saber que, como hombre o mujer, tenemos otras necesidades que cubrir si realmente queremos alcanzar el nivel básico de humanidad. Aquí en donde entronca la segunda parte de nuestro breve título: y es que el Consumo, con mayúscula, a todos nos afecta; es, no lo olvidemos, cuestión de todos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario