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lunes, 25 de mayo de 2015

FUMADORES: UN NÚMERO MUY ELEVADO

La cifra la dieron en el informativo: el número de fumadores es de 56.000. Pocos me parecen, pero no es una cuestión baladí. Sobre todo porque bastaría con una sola persona que pusiera su vida en juego para que habría que poner los medios para evitarlo.

Siempre he oído decir (y yo lo creo firmemente) que el "tabaco mata". De hecho, es el leiv motiv de un mensaje cierto. Todas las medidas que tratan de ponerse en marcha, incluso las que pretenden paquetes sin marca y con unas serie de fotos, a cual más grave, están condenadas al fracaso. Porque hay una industria, la tabaquera, interesada en conseguir incrementar los niveles de venta. Y ello a pesar del riesgo que implica este hábito.

Porque es un riesgo grande y evidente. Máxime si uno lee que el tabaco provoca fatiga prematura, un mayor riesgo de anginas, un aumento de constipados, tos y expectoraciones, pérdida de apetito, alteraciones del ritmo del pulso, coloración amarillenta ¡y mal olor de aliento! (ahí es ná) Es difícil hablar de algo con efectos tan graves para la salud y, sin embargo, de un uso tan frecuente y continuada.

Bien es verdad que el hábito "social" de fumar está aceptado y, de momento,  se trata de un hábito que es aceptado si bien, poco a poco, vemos cómo cada día más los fumadores van perdiendo su prestancia social y empiezan a ser mal vistos. Tiempo ha pasado ya desde el día en que se trataba de un hábito, muy ligado eso sí, al género masculino que no dudaba en hacer gala de él.

viernes, 21 de noviembre de 2014

EL TABACO Y LA GANANCIA DE PESO

A los problemas derivados por lo que implica dejar el hábito de fumar y al síndrome de abstinencia, el hecho de ganar unos gramos de más es sin duda un elemento a tener en cuenta.
Porque una de las consecuencias más habituales que señalan quienes dejan de fumar es un incremento de peso. Conclusión que parece estar comprobada por estudios bastante serios. Uno de ellos, presentado en el Congreso de la Asociación Americana del Corazón, celebrado en Chicago, es bastante claro: el riesgo de accidente cardiovascular se reduce drásticamente de manera que es un 49% menos, a pesar de que se gane peso.
La cuestión es bastante clara: se trata de poner en una balanza una reducción tan importante del peligro de perder la vida frente al hecho de seguir con un hábito que cada día resulta más difícil del entender, como es el de fumar.
Desde mi punto de vista, la elección debería ser bastante sencilla, al menos en lo que afecta a este aspecto: por mucho peso que se gane siempre será preferible al importante riesgo que hay que afrontar. Y ello a pesar de que, como ya he recogido en esta misma página, el humo del tabaco no es el único que llega a nuestros maltrechos pulmones.