Según el presidente de gobierno, Mariano Rajoy, gracias a la interconexión electrica con nuestro país vecino, Francia, la electricidad va a bajar su precio. Para él la luz llegará a los hogares españoles pues, como llegó a decir, la luz tendrá «menor precio, y con ello se incrementará el bien de todos». Ha llegado a poner como ejemplo esta interconexión para «derribar fronteras artificiales o naturales en lugar de erigirlas, agregar en lugar de desagregar, unir en lugar de desunir, cooperar en lugar de enfrentar, conectar en lugar de desconectar»,
La electricidad en España es cara. Muy cara. No hay justificación, como ya he dicho en más de una ocasión, para ese precio. Sólo dos pequeños países europeos tienen su energía eléctrica más cara que el nuestro. Y por mucho que las cifras pretendan decirnos lo contrario, la realidad es que pagamos la electricidad a un precio muy elevado.
Por mucho que se nos llene al boca con esa "interconexión", lo cierto es que nuestra energía eléctrica (todavía muy lejos del mínimo que marca la Unión Europea que establece un mínimo del 10% de la capacidad instalada, lo que equivaldría a 10,000 megavatios) es, digo, muy cara. Y no es cuestión de plantear un futuro esplendente cuando vivimos un presente tan doloroso. Porque la realidad es la que es y ésta no es otra que tenemos una electricidad muy cara en un país en el que la única razón para explicar esos precios es ajena a la propia electricidad y sí tiene mucho que ver con la composición de los distintos Consejos de Administración de las diversas compañías eléctricas.
Dudo mucho que los grandes números importen en exceso a quienes tienen que optar entre calentarse, en un invierno particularmente frío, o atender a otros gastos más perentorios. Luego, en un futuro, es posible una electricidad más barata, aunque no existan demasiadas razones para el optimismo mostrado por nuestro presidente con ocasión de la firma de la famosa "interconexión". Mucho más cuando, al tiempo, Iberdrola, que algo sabrá de esto, habla de una subida de la luz del 38% para este año. ¡Ahí es ná!
Se trata de un blog en el que el consumo es el denominador común, aunque a veces la relación con él sea casi marginal y cueste verla. Con estas reflexiones, José María Múgica Flores, ex director general de OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) pretende dos cosas: no perder contacto con un mundo apasionante, como es el consumo, y ofrecer su experiencia de casi 25 años a los consumidores del futuro.
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sábado, 21 de febrero de 2015
sábado, 31 de enero de 2015
HEPATITIS C: UN GRÁFICO ELOCUENTE
Aparece, este gráfico, en las páginas de la revista de la OCU, OCU Salud. Viene a representar lo que significa el coste de producción del ya famoso tratamiento de la hepatitis C con sofosbuvir (Sovaldi) y su precio "oficial". Es, ya de por sí, bastante elocuente,
Expresa con claridad meridiana cómo una empresa farmacéutica intenta poner de rodillas a todo un país, a todo un conjunto de países y marca el precio no por una cuestión de costes más beneficio sino en función de lo (mucho) que pretende sacar de beneficios.
Bien es cierto que, tras el escándalo, la multinacional farmacéutica se ha avenido a negociar sus precios y que la negociación para nuestro país ha situado el precio en el entorno de los 25.000 euros, es decir, un beneficio para la multinacional farmacéutica de "sólo" 24.900 euros más del coste que significa producirlo. Simplemente, lamentable.
Lamentable porque no es aceptable que se juegue de esta manera con la salud de tantos y tantos afectados por esta enfermedad cuyas consecuencias acaban siendo tan duras. Lamentable porque se hace por una simple razón económica, para conseguir con estas pastillas una rentabilidad injustificada. Lamentable y triste porque el laboratorio farmacéutico se muestra ajeno al sufrimiento de los afectados.
No voy a entrar en el análisis de la enfermedad. Tampoco en discutir sobre la eficacia del medicamento que cura la hepatitit C. Recomiendo la lectura tranquila del artículo que con ese nombre, el de la enfermedad, viene en la página 32 y siguientes de la citada revista, Hoy sólo quiero referirme a la actitud de la empresa farmacéutica, Gilead, actual propietaria de la patente y que en menos de un año pretende recuperar los 11.000 millones de dólares que le costó el laboratorio Pharmasset, que desarrolló el fármaco.
Expresa con claridad meridiana cómo una empresa farmacéutica intenta poner de rodillas a todo un país, a todo un conjunto de países y marca el precio no por una cuestión de costes más beneficio sino en función de lo (mucho) que pretende sacar de beneficios.
Bien es cierto que, tras el escándalo, la multinacional farmacéutica se ha avenido a negociar sus precios y que la negociación para nuestro país ha situado el precio en el entorno de los 25.000 euros, es decir, un beneficio para la multinacional farmacéutica de "sólo" 24.900 euros más del coste que significa producirlo. Simplemente, lamentable.
Lamentable porque no es aceptable que se juegue de esta manera con la salud de tantos y tantos afectados por esta enfermedad cuyas consecuencias acaban siendo tan duras. Lamentable porque se hace por una simple razón económica, para conseguir con estas pastillas una rentabilidad injustificada. Lamentable y triste porque el laboratorio farmacéutico se muestra ajeno al sufrimiento de los afectados.
No voy a entrar en el análisis de la enfermedad. Tampoco en discutir sobre la eficacia del medicamento que cura la hepatitit C. Recomiendo la lectura tranquila del artículo que con ese nombre, el de la enfermedad, viene en la página 32 y siguientes de la citada revista, Hoy sólo quiero referirme a la actitud de la empresa farmacéutica, Gilead, actual propietaria de la patente y que en menos de un año pretende recuperar los 11.000 millones de dólares que le costó el laboratorio Pharmasset, que desarrolló el fármaco.
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