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lunes, 18 de mayo de 2015

JAZZTEL, FIEL A SÍ MISMA...

Como empresa menos respetuosa con sus clientes, a pesar de ser la que más ha crecido en el último año (http://economia.elpais.com/economia/2015/05/14/actualidad/1431618035_374106.html). Los principales problemas de los usuarios nos "suenan" demasiado: tienen que ver con la facturación, con los servicios llamados Premium de suscripción (tan desconocidos en sus tarifas como utilizados hoy), con el servicio y con la gran dificultad para darse de baja al servicio de Internet fijo (muy distinto, a buen seguro de darse de alta).  El dato está tomado de la Oficina de Atención al Usuario de las Telecomunicaciones, organismo que depende del Ministerio de Industria; es decir, una fuente fiable.

No basta, a mi juicio, con una gran política para hacerse con nuevos clientes. Hay que atenderlos bien. Y en esto es en lo que falla Jazztel, a jugar por los datos conocidos, Bien es cierto que hay quien podría decir que las 11,26 reclamaciones por cada 10.000 abonados de Jazzteles una cifra muy pequeña, pero no todo el mundo se queja cuando se produce una disfunción en el servicio. Hay quien lo deja pasar (más en este servicio) y quien opta por algo más drástico: cambiar de prestador del servicio. Por eso, la cifra nos parece elevada. Muy elevada.

Siguen en la mala calificación Orange, con 7,59 reclamaciones por cada 10.000 abonados y Ono, con 6,39. Cierran esa clasificación Vodafone, con 4,71, y Movistar con 2,32 reclamaciones por cada 10.000 abonados.

Entre todos los operadores, el año pasado superaron las 100.000 reclamaciones a este servicio en un mal ranking que, según la publicación del sector, ADSLZone sería:
telefonia-fija




domingo, 11 de enero de 2015

SITUACIÓN ECONÓMICA: ¿SÓLO UNOS DATOS?

Pese a su frialdad, los datos no dejan de ser elocuentes. A la nula capacidad de ahorro se une que una cuarta parte de los ciudadanos españoles están en paro (muy lejos Beasain, en el País Vasco, con un paro casi residual, de Cádiz, con un paro superior al 35%). Y si esto es dramático, mucho lo es la situación de los jóvenes de los que una tercera parte, sí uno de cada tres, no tiene trabajo.

Estoy viendo un programa de televisión en el que Santiago Niño (catedrático entendido en la materia) desgrana estos datos, a cual más espeluznante. Y lo hace con la seguridad de quien cree en lo que dice. Habla del retroceso que hemos experimentado con una renta por persona que anda igualando a la de hace un cuarto de siglo, con un poco más de 8,100 euros. Y señala nuestra inconmensurable deuda como la causa de nuestros males económicos (sólo este año hemos de hacer frente a 36.500 millones de euros, sólo de ¡intereses!).

Es evidente que estas magnitudes se traducen, en la calle, en nuestros bolsillos, en una gran sensación de que cada vez somos más pobres, que cada vez cuesta más no sólo ver el fin del mes, sino vivir. Y esto tiene, como no puede ser de otra manera, un gran impacto en el consumo. Pretender aislar el mundo del consumo de la salario de nuestros consumidores es estúpido. Por eso no lo hago. Y por eso, pese al optimismo oficial (ayer comprobé como el mensaje de nuestros ministros y del propio presidente, con cinismo y sin creérselo, habla del 2015 como del año de la recuperación), la crisis, para quienes no tienen, está muy lejos de acabar.

Dicen las malas lenguas que estamos ante una crisis tan profunda que los famosos brotes verdes se han agostado y la que raíces robustas están tan profundas que no se ven. Y yo lo creo. Porque tardaremos mucho tiempo antes de que nuestra economía reverdezca. Y, mientras tanto tendremos que soportar un dato inaceptable que habla de los niños cuyo grito de desesperanza, rasga nuestros oídos porque tienen hambre.