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viernes, 4 de septiembre de 2015

EL AHORRO DE LOS CONSUMIDORES

El mensaje es claro. En la noticia, el titular dice: "Los consumidores siguen sin ver mejoras económicas en su hogar y un 63,3% no logra ahorrar". Cuando se vive en la precariedad, el ahorro no es posible. Y eso se ve en el elevado porcentaje de consumidores, que supera en mucho la mitad, que no pueden ahorrar, de quienes ven pasar los días, mes a mes, sin la seguridad que proporciona la circunstancia del ahorro. Una seguridad que nace del hecho de disponer una garantía mínima para poder seguir consumiendo... si tal es la voluntad del consumidor.

El porcentaje de quienes ven imposible siquiera ahorrar un euro es vergonzoso.
Porque el hecho de que más de la mitad de ciudadanos no sean capaces de hacerlo, lo es.

Cuando uno oye las cantidades que perciben quienes han perdido hasta su trabajo no puede por más que sentir vergüenza, por su parquedad. Hay quien dice que no es posible hacer más. Pero no me lo creo.

Y entiendo perfectamente que no exista capacidad de ahorro en la inmensa mayoría de consumidores. Bien es cierto que la llamaba "brecha" entre pobres y ricos es, en estos momentos, dramática. Pero no es, precisamente, a los segundos a los que me refiero, sino a los primeros que son los incapaces de ahorrar porque han perdido hasta la esperanza de conseguirlo

domingo, 11 de enero de 2015

SITUACIÓN ECONÓMICA: ¿SÓLO UNOS DATOS?

Pese a su frialdad, los datos no dejan de ser elocuentes. A la nula capacidad de ahorro se une que una cuarta parte de los ciudadanos españoles están en paro (muy lejos Beasain, en el País Vasco, con un paro casi residual, de Cádiz, con un paro superior al 35%). Y si esto es dramático, mucho lo es la situación de los jóvenes de los que una tercera parte, sí uno de cada tres, no tiene trabajo.

Estoy viendo un programa de televisión en el que Santiago Niño (catedrático entendido en la materia) desgrana estos datos, a cual más espeluznante. Y lo hace con la seguridad de quien cree en lo que dice. Habla del retroceso que hemos experimentado con una renta por persona que anda igualando a la de hace un cuarto de siglo, con un poco más de 8,100 euros. Y señala nuestra inconmensurable deuda como la causa de nuestros males económicos (sólo este año hemos de hacer frente a 36.500 millones de euros, sólo de ¡intereses!).

Es evidente que estas magnitudes se traducen, en la calle, en nuestros bolsillos, en una gran sensación de que cada vez somos más pobres, que cada vez cuesta más no sólo ver el fin del mes, sino vivir. Y esto tiene, como no puede ser de otra manera, un gran impacto en el consumo. Pretender aislar el mundo del consumo de la salario de nuestros consumidores es estúpido. Por eso no lo hago. Y por eso, pese al optimismo oficial (ayer comprobé como el mensaje de nuestros ministros y del propio presidente, con cinismo y sin creérselo, habla del 2015 como del año de la recuperación), la crisis, para quienes no tienen, está muy lejos de acabar.

Dicen las malas lenguas que estamos ante una crisis tan profunda que los famosos brotes verdes se han agostado y la que raíces robustas están tan profundas que no se ven. Y yo lo creo. Porque tardaremos mucho tiempo antes de que nuestra economía reverdezca. Y, mientras tanto tendremos que soportar un dato inaceptable que habla de los niños cuyo grito de desesperanza, rasga nuestros oídos porque tienen hambre.

viernes, 5 de septiembre de 2014

TRES POR DOS NO SIEMPRE SON SEIS...

Cada día proliferan más estas ofertas. Se adquieren tres "cosas" al precio de dos con lo cual el ahorro parece significativo. O eso estaba en el origen porque en la actualidad bajo ese nombre se ofrecen (¡hasta en el tema de las viviendas he leído!) ofertas variopintas con descuentos más o menos grandes.

Si digo que parece es porque no es lo mismo en todos los casos. No es lo mismo cuando se trata de yogures (cuyo consumo parece soportar bien los plazos necesarios) que si lo que se vende es una prenda de vestir o una vivienda.

Si de lo que se trata de hacer es potenciar el consumo, estoy convencido de que éste no es un buen camino. Personalmente, en más de una ocasión me he echado para atrás en una compra o, al menos, no lo he considerado como una verdadera oferta, cuando he visto que se me ofrecían tres productos al precio de dos. Porque, insisto, no es lo mismo según de lo que se trate,

Me parece más coherente con la idea de ofrecer verdaderos descuentos el hecho de hacerlo por unidad, al menos en aquellos productos que por su propia naturaleza tienen una vida útil más larga. Bien es cierto que existen alternativas, pero de lo que se trataría siempre es buscar el interés del consumidor que, en muchas ocasiones, no está en gastarse el doble aunque la ventaja sea obtener el triple.

Y eso deberían tenerlo muy en cuenta quienes diseñan estas campañas que más parecen orientadas al sobre consumo que al verdadero ahorro.