Mostrando entradas con la etiqueta alimentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alimentos. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de octubre de 2015

DIETA MEDITERRÁNEA Y CARNES PROCESADAS

La alarma se ha producido. Todo un conjunto de alimentos, las carnes procesadas, son, ahora, sospechosas. El grupo de alimentos no es baladí. Las llamadas carnes procesadas forman un grupo numeroso que ha formado y forma parte en nuestra dieta habitual.

El Ministro ha salido al paso de la posible alarma y pide "mantener una actitud sensata", puesto que "consumir las cosas con moderación y estar convencido de que una dieta variada, que tiene todo tipo de alimentos, proporciona todo tipo de beneficios también". "De lo que nos alerta esto es de que no debemos abusar de determinado tipo de alimentos en nuestra dieta. Tenemos que buscar un equilibrio", ha insistido.

Es algo de perogrullo. La dieta debe ser variada y en la variación está el necesario equilibrio. Nadie puede soportar una mono dieta base de un único  tipo de alimento. Y eso es lo que vienen a decir los mentores de la anti dieta de carnes procesadas. No se trata de renunciar a un buen filete de carne roja sino de evitar que eso sea nuestro único alimento.

Al margen de que se trata de un informe que debe ser evaluado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) lo que viene a decir este estudio a la hora de buscar recomendaciones es que no hay que tener cuidado si el consumo es moderado e un país en el que, afortunadamente, se dispone de la mejor dieta posible: la dieta mediterránea, rica en aceite de oliva. legumbres, frutas y verduras.

viernes, 10 de julio de 2015

PAGAR POR LAS GRASAS SATURADAS

Muy a menudo los fabricantes de productos alimenticios esconden la presencia de grasa en sus productos detrás de un reclamo de connotaciones positivas: grasas vegetales. El problema no es la procedencia de las grasas sino su naturaleza. Y los análisis demuestran una y otra vez un abuso de algunas grasas saturadas de origen vegetal nada saludables que deberían limitarse en la dieta, especialmente, de los niños. 

Estas grasas son más baratas y con su (ab)uso se abaratan costes de producción. Pues bien, en algunos países de Europa la preocupación por el incremento de la obesidad, particularmente, infantil es cada día mayor. El problema está siendo abordado desde diferentes puntos de vista: el fomento de actividad física, los incentivos a la reformulación de los alimentos,  el etiquetado nutricional obligatorio y la información al consumidor. En algunos países están ensayando formulas de hacerlo vía impuestos. En este sentido por ejemplo Dinamarca ha establecido un impuesto sobre la grasa saturada, de forma que el fabricante de productos que superen una determinada cantidad de grasa saturada pagará un impuesto especial, que lógicamente se verá reflejado en el precio final del producto. 

La consecuencia de esto será que el producto en cuestión resultará menos atractivo a los ojos del consumidor o abriendo la posibilidad de que el fabricante opte por utilizar otro tipo de grasa menos saturada. Así el coste de fabricación de ambas posibilidades tenderá a igualarse y dejará de ser más rentable la fabricación de productos ricos en grasas saturadas.

De momento, en España, no se ha planteado esta posibilidad y se está utilizando la vía de llegar a acuerdos con los fabricantes, por regla general con algún tipo de reconocimiento en el etiquetado con productos que reformulen su composición con menos sal. Quizás en un futuro llegue el turno a las grasas, en general, y a las saturadas, en particular. Pero, al menos para mí, nada tiene que ver esta política del "impuesto de la hamburguesa”.




jueves, 25 de junio de 2015

¿SABEMOS LO QUE COMEMOS?

La OCU ha lanzado su campaña en forma de pregunta que es conveniente hacerse. ¿Sabemos lo que comemos? Y la ilustra con una serie de ejemplos sobre los que es necesario pensar un poco. Son 5 ejemplos entre los muchos que, a buen seguro, podríamos encontrar pero que los cinco son clamorosos. Os recomiendo la lectura de su nota de prensa "5 alimentos que no son lo que parecen".

Empiezan por zumos que no son tales. Porque un zumo para merecer su nombre debe proceder de la fruta de la que es zumo. Y no es así. la organización de consumidores cita a Granini Disfruta (uno de los más principales) y Don Simon Orange como ejemplos. Son meros néctares, con mayor contenido en agua.

Siguen por el york que no es jamón sino, como dice la OCU, están "preparadas de la misma forma pero de piezas menos nobles... y más baratas". Y su textura exige, además, mayor contenido en agua. Cita a Campofrío como ejemplo...

Luego se refiere al queso que no es queso, aunque lo parezca. Bien es verdad que se trata de un producto lácteo pero contienen sobre todo, otras grasas lácteas, mucho más baratas que las de queso con el agravante de que suelen quemarse cuando se gratina y, además, no se funde con las misma facilidad que el queso. Alcampo y su "rallado para gratinar" es el ejemplo elegido.

La carne picada lleva otras sustancias indeseables que deberían conocer los consumidores. Sólo entre el 65% y el 90% de los productos analizados son, realmente, carne y el aporte de grasas y otras sustancias (espesantes, almidón, conservantes, colorantes...) es grande.

Acaban sus ejemplos con los calamares que no lo son sino anillas de una molusco menos "rico": la pota. Bien es cierto que en este caso pueden parecerse pero son mucho más baratas que el calamar y que son congeladas aunque no lo indiquen con claridad (lo que es obligatorio).

No cabe duda de que ésta es una buena campaña. Como lo es la llamada que se hace a denunciar, bien a través de Twitter (#EtiquetasTrampa) o enviando un correo a "sabemosloquecomemos@ocu.org".


martes, 5 de mayo de 2015

EL ORIGEN DE LOS ALIMENTOS... O ASÍ

La verdad es que no es tema baladí. En OCU lo llaman "etiqueta trampa". Y no les falta razón. Pero indicar "Agricultura UE/no UE", como hace Carrefour en su miel, es falaz. Porque es hablar de un origen en el se puede plantear de cualquier punto de la tierra como procedencia de dicho alimento. Con un poco de atención, podéis verlo en el recuadro que está junto al nombre.

Porque eso no es, de ninguna manera indicar ningún tipo de origen. No entro en la miel que siendo de origen asiático se presenta como española, pero mucho habría que decir al respecto.

El problema radica en que es una información muy importante a la que no se presta, a mi juicio, la debida atención. Es más, asistimos a un tergiversación de la ley por parte de los fabricantes que es lamentable. Porque estoy seguro de que la ley no pretendía esto. Los consumidores tenemos derecho a conocer de dónde proceden los distintos alimentos que consumimos.

Lo lógico es que se conozca no sólo el país (si es grande) sino la región de donde viene el alimento. En ese sentido comparto el criterio de la asociación de consumidores, al hablar de la miel. Si un consumidor ha de plantearse alguna decisión, ésta sólo es posible cuando, por un lado, se corresponde con la verdad y la información se encuentra delimitada a una zona geográfica. Y no es, en ningún caso, un asunto sin importancia; porque de ese origen, un consumidor puede deducir muchas cosas, que es de lo que se trata.





lunes, 27 de abril de 2015

LA INFORMACION DE LOS ALIMENTOS

No hay duda de que significa un gran avance en lo que a información se refiere. No sólo para prevenir enfermedades sino también para aumentar el conocimiento de lo que, realmente, comemos, Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) lo ha elegido como título para uno de sus cursos del próximo verano. Y me gusta lo que ha añadido. El curso se llama  La información alimentaria y el consumidor, retos y oportunidades. Está dentro de los cursos que organiza la Universidad Complutense de Madrid (https://www.ucm.es/cursosdeverano/modalidades), con el patrocinio del Foro Alimentario.

Porque de retos y oportunidades es preciso hablar cuando nos referimos a una información que,  a mi juicio, es determinante. Es necesario saber qué es lo que comemos. Y hacerlo sin necesidad de hacer un cursillo de formación. Siempre he dicho que la etiqueta debe ser el DNI de un alimento. Que de su simple observación quepa deducir qué es lo que estamos a punto de meternos en la boca.

Esto que en los productos tiene su importancia, en los productos frescos tiene una importancia capital. Y ello pese a lo difícil que resulta ir mas allá de la simple denominación del alimento en este tipo de productos. Y mucho más allá de una reglamentaria y legal información sobre el origen o el tipo de alimento.

Como es lógico, esto implica una formación mucho más profunda de la que se le supone a la gente. Pero también un sistema de control que, desgraciadamente, esta muy lejos de existir. Cualquier información sobre lo que comemos implica un compromiso serio entre quien produce, transporta, vende y consume. Pero también una formación adecuada para que las mismas cosas quieran decir lo mismo. Y, en este punto, la administración, supongo que ahora, Aecosan, tiene bastante que decir...

lunes, 30 de marzo de 2015

ETIQUETADO Y HONESTIDAD DE LOS FABRICANTES

Las etiquetas, en especial de los alimentos, deberían ser algo así como los documentos de identidad de los productos. De alguna manera cuando se leen las etiquetas no deberían existir dudas de lo que se va a encontrar en él. Sin embargo, los análisis comparativos demuestran una vez y otra que no es así y que se utilizan, muchas veces, como meros argumentos publicitarios.

En el reciente artículo ¿Sabemos lo que comemos? de la revista de abril de OCU-Compra Maestra no deja lugar a duda. A él me remito. Uno siempre pensó en la galletas como la mejor forma de consumir cereales. Pero viendo las fotos de algunos paquetes esta imagen compadece muy mal con lo que en realidad contiene. Un ejemplo: según dicha revista en una galleta, en cuya imagen de etiquetado puede verse un rozagante montón de frutas del bosque, un análisis posterior demuestra que la cantidad de talen frutas apenas llega al 5,76%. Y ello sin hablar del abuso que se viene produciendo de grasas saturadas. Y no sólo en las galletas. También en otros productos, como pueden ser, además de las galletas, algunos embutidos, sopas, etc.

Algo similar se produce en determinados zumos. Dos ejemplos sacados del mismo artículo: pese a las hermosas granadas en copa de Bebefruta de Hacendado, el contenido real de zumo de esa fruta no llega apenas a los dos tercios. El tercio restante es de otras frutas sin que el fabricante vea necesario el indicarlo en el etiquetado. En los conocidos Bifrutas, el contenido principal, pese a lo dicho en su etiquetado, apenas el 6% es zumo y su componente principal es el agua. Contenido mínimo que en el caso de los conocidos Yatekomo de Gallina Blanca, sólo el 2% de su contenido es un elemento tan importante en la sopa como es el pollo (con un componente principal es fideo).

Y ello sin entrar en la naturaleza de lo que se dice, de pasada, en el articulo y que en el caso de las anillas de calamar indicado ya no proceden de calamar, no proceden del calamar; sino, como se lee en la parte de ingredientes (pese a la foto que preside el producto), es un "producto de la pesca transformado rebozado". Dicho de otra forma más compresible, simple y llanamente, surimi.

Nada tengo contra el hecho de que un fabricante utilice en su etiquetado las imágenes que entienda como más conveniente. Pero sí, y mucho, contra el hecho de que en sus etiquetas no se indique con claridad qué es lo que realmente se contiene en el alimento. Los consumidores tienen derecho a saber lo que comen y ello sin hacer equilibrios absurdos y sin sentido. Pero la tentación de hacer un mal marketing utilizando las propias etiquetas es demasiado grande...