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jueves, 25 de junio de 2015

¿SABEMOS LO QUE COMEMOS?

La OCU ha lanzado su campaña en forma de pregunta que es conveniente hacerse. ¿Sabemos lo que comemos? Y la ilustra con una serie de ejemplos sobre los que es necesario pensar un poco. Son 5 ejemplos entre los muchos que, a buen seguro, podríamos encontrar pero que los cinco son clamorosos. Os recomiendo la lectura de su nota de prensa "5 alimentos que no son lo que parecen".

Empiezan por zumos que no son tales. Porque un zumo para merecer su nombre debe proceder de la fruta de la que es zumo. Y no es así. la organización de consumidores cita a Granini Disfruta (uno de los más principales) y Don Simon Orange como ejemplos. Son meros néctares, con mayor contenido en agua.

Siguen por el york que no es jamón sino, como dice la OCU, están "preparadas de la misma forma pero de piezas menos nobles... y más baratas". Y su textura exige, además, mayor contenido en agua. Cita a Campofrío como ejemplo...

Luego se refiere al queso que no es queso, aunque lo parezca. Bien es verdad que se trata de un producto lácteo pero contienen sobre todo, otras grasas lácteas, mucho más baratas que las de queso con el agravante de que suelen quemarse cuando se gratina y, además, no se funde con las misma facilidad que el queso. Alcampo y su "rallado para gratinar" es el ejemplo elegido.

La carne picada lleva otras sustancias indeseables que deberían conocer los consumidores. Sólo entre el 65% y el 90% de los productos analizados son, realmente, carne y el aporte de grasas y otras sustancias (espesantes, almidón, conservantes, colorantes...) es grande.

Acaban sus ejemplos con los calamares que no lo son sino anillas de una molusco menos "rico": la pota. Bien es cierto que en este caso pueden parecerse pero son mucho más baratas que el calamar y que son congeladas aunque no lo indiquen con claridad (lo que es obligatorio).

No cabe duda de que ésta es una buena campaña. Como lo es la llamada que se hace a denunciar, bien a través de Twitter (#EtiquetasTrampa) o enviando un correo a "sabemosloquecomemos@ocu.org".


jueves, 18 de junio de 2015

UNA PATADA A LA FRUTA

Es la que da Fruit Shoot (traducido como golpe de fruta). No es de recibo que pueda venderse este "zumo" en un mercado donde parece primar el engaño. Porque no es tal zumo aunque lo parezca. No hay razones para pensar que para hacerlo se haya exprimido fruta. Al menos en las cantidades que se pretende hacer ver en el envase.

Pero hay más: la presencia de edulcorantes indica que estamos ante un producto en el que su sabor dulce no procede de su contenido en fruta (que apenas llega al 8% según se dice en la propia etiqueta) sino de la sacarosa o el acesulfamo K. Con ellos, hablar de la presencia "natural" de azúcares suena demasiado fuerte.

Eso sí: han conseguido que su aceptación por la grey infantil sea grande. Y lo han hecho por medio de un envase "ergonómico", según se dice, adaptado a manos infantiles. Pese al nombre y los mensajes del fabricante, no es la mejor forma de dar fruta a los niños. Porque un "zumo" con tanto aditamentos no lo es. Como dice OCU, "cualquier bebida refrescante... tiene un contenido en zumo similar a este producto que, además, se presenta para un público infantil".

Palabra aparte merecen las fresas que aparecen en envase y cuya presencia en el líquido es meramente testimonial. Otro tanto cabe decir de la frambuesa cuyo nombre figura también en el envase. No es de recibo que se pretenda en engaño de esa manera, por mucho que, en otras culturas, se permita. Cantidades tan pequeñas de fruta (un 2% o un 1% en éstas últimas) son cantidades absurdas que apenas denotan que esas frutas estén presentes por mucho que el fabricante quiera hacer creer lo contrario. En la foto, aunque no sea muy "vendible", debería figurar una enorme manzana (junto a mucha, mucha agua) puesto que es el "zumo" más presente en el producto.

Debemos saber qué comemos o bebemos y con actuaciones de este tipo no se consigue.

lunes, 6 de abril de 2015

ANÁLISIS COMPARATIVOS Y PUBLICIDAD

Siempre me he considerado defensor de las marcas "blancas", en realidad, marcas de distribución. Han sido muchos años viendo como en los análisis comparativos (esos a los que se pretende dar un golpe mortal) brillan y obtienen los mejores galardones. Lo he dicho ya muchas veces: ningún fabricante que se precie pone en juego su honorabilidad produciendo y poniendo en el mercado cualquier cosa. Y más cuando detrás de una maca de distribución está una gran cadena como Mercadona, El Corte Inglés o Carrefour.

Por eso me he declarado abiertamente como defensor de esas marcas, consciente de que sus estándares de calidad son muchas veces superiores a los de otros productos y, desde luego, siempre suficientes como para resistir cualquier análisis. Por supuesto que todos cumplen los parámetros de seguridad de cualquier producto; pero me consta que van más allá y muy a menudo su calidad es superior a la de otros productos de la misma gama.

Me defino como acérrimo defensor de unos análisis que son los únicos que pueden situar a cada producto en relación con los demás y que, cuando son independientes de verdad, pueden servirnos para discernur con claridad que es lo que estamos llevando a nuestras casas. Análisis que, por supuesto, poco o nada interesan a los grandes lobbyes de la alimentación.

Recientemente, asistimos a una batalla en los medios de comunicación es los que se aclara las diferencias entre un néctar y un zumo, haciendo hincapié en uno sólo de sus elementos. Nada que objetar, aunque no podemos perder de vista que se trata de un análisis de parte y que el resultado está condicionado por ese hecho. Justo todo lo contrario si el análisis lo hiciera una asociación independiente. El problema radica en que si la nueva norma que, de rondón, va a "controlar" los análisis comparativos entra en vigor, las dificultades para este tipo de análisis van a ser de muy difícil superación. Y a ver qué comemos...