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lunes, 6 de abril de 2015

ANÁLISIS COMPARATIVOS Y PUBLICIDAD

Siempre me he considerado defensor de las marcas "blancas", en realidad, marcas de distribución. Han sido muchos años viendo como en los análisis comparativos (esos a los que se pretende dar un golpe mortal) brillan y obtienen los mejores galardones. Lo he dicho ya muchas veces: ningún fabricante que se precie pone en juego su honorabilidad produciendo y poniendo en el mercado cualquier cosa. Y más cuando detrás de una maca de distribución está una gran cadena como Mercadona, El Corte Inglés o Carrefour.

Por eso me he declarado abiertamente como defensor de esas marcas, consciente de que sus estándares de calidad son muchas veces superiores a los de otros productos y, desde luego, siempre suficientes como para resistir cualquier análisis. Por supuesto que todos cumplen los parámetros de seguridad de cualquier producto; pero me consta que van más allá y muy a menudo su calidad es superior a la de otros productos de la misma gama.

Me defino como acérrimo defensor de unos análisis que son los únicos que pueden situar a cada producto en relación con los demás y que, cuando son independientes de verdad, pueden servirnos para discernur con claridad que es lo que estamos llevando a nuestras casas. Análisis que, por supuesto, poco o nada interesan a los grandes lobbyes de la alimentación.

Recientemente, asistimos a una batalla en los medios de comunicación es los que se aclara las diferencias entre un néctar y un zumo, haciendo hincapié en uno sólo de sus elementos. Nada que objetar, aunque no podemos perder de vista que se trata de un análisis de parte y que el resultado está condicionado por ese hecho. Justo todo lo contrario si el análisis lo hiciera una asociación independiente. El problema radica en que si la nueva norma que, de rondón, va a "controlar" los análisis comparativos entra en vigor, las dificultades para este tipo de análisis van a ser de muy difícil superación. Y a ver qué comemos...

sábado, 28 de marzo de 2015

¿ANÁLISIS COMPARATIVOS? SÍ, PERO INDEPENDIENTES

Según veo, la ley anda ya por el Consejo de Estado. Silenciosamente, pero a punto de ser aprobada. Significa, sin más, la muerte de los análisis comparativos independientes.

Tres son los puntos con los que la nueva ley va a cargarse dichos análisis. El poder de los fabricantes ha hecho que, desde el gobierno, salga adelante una ley que andaba coleando desde mediados del año 2013.

Por un lado se impone a las publicaciones de análisis comparativos un largo plazo de 20 días para que los fabricantes puedan discutir y discrepar (y a buen seguro que lo harán) que hace imposible la inmediatez del análisis comparativo con el agravante de que en ese tiempo, los fabricantes sí podrán publicar los resultados de sus propios análisis. Y, como es lógico, corregir los posibles incumplimientos legales.

Además quien realice un análisis comparativo con vistas a su publicación debe dar a conocer previamente los laboratorios donde va a realizarse, rompiéndose así, por razones evidentes, la necesaria confidencialidad; confidencialidad fundamental de cara a conseguir que el análisis reúna las mínimas condiciones de imparcialidad. Es evidente lo que sucedería si un laboratorio optara por poner de manifiesto todos los posibles incumplimientos de los fabricantes, en especial, de aquellos que los tienen a gala.

En tercer lugar se obliga a quien realice dichos análisis a adquirir un numero muy elevado de productos ya que quien se atreva debe correr con los gastos de dichos productos para facilitar los eventuales contraanálisis que los fabricantes quieran realizar.

Como dice la revista OCU-Compra Maestra en su número de abril, se anteponen "los intereses de la industria al derecho de los consumidores a la información independiente y a la libertad de expresión". Y el gobierno lo hace dando a los fabricantes de los productos todo el poder en esta situación. Significa un largo paso atrás en algo que se pensaba conseguido: la capacidad para, desde la sociedad civil, saber que es lo que lo fabricantes, en especial de alimentos, ponen en el mercado,

Un largo paso atrás que, en la práctica, puede significar la desaparición de algo tan importante como son los análisis comparativos, herramienta fundamental que en esa Europa a la que queremos acercarnos cumple una función primordial en lo que al derecho de información de los consumidores se refiere.

Ciertamente, queremos saber lo que comemos, pero con medidas tan arbitrarias como ésta lo ponen, realmente, complicado.

jueves, 26 de marzo de 2015

LA INDEPENDENCIA COMO VALOR

Nunca entendí que algunas asociaciones de consumidores vendieran sus denominaciones de mejores productos (o aquéllos que tenían mejor relación calidad-precio) a las empresas que los obtenían. Algunas de ellas de amplio reconocimiento en el ámbito de los análisis comparativos. Sin ánimo de polemizar, la sombra de la sospecha es demasiado larga. Ya lo es en aquellas asociaciones que, como OCU, no lo permiten como para, además, dar motivos para que eso piensen.

Los análisis comparativos sólo tienen una razón de ser. Y esa razón guarda relación con quien los hace. Es la independencia de quien los realiza, única forma de que sean realmente objetivos y respondan a la realidad del producto que se analiza.

No cuestiono la independencia de las asociaciones que mercantilizan sus "premios". Es más, de algunas de las que lo hacen tengo certezas de lo contrario, de que no lo hacen. Pero no olvido aquello de que "la mujer del César no sólo debe ser honesta sino que ha de parecerlo". Y en este caso la máxima es de una realidad incontestable.

Y ello porque en valor de la independencia es, debe ser, un bien que hay que mimar mucho, Más en un tiempo en que todo parece estar a la venta. Por eso cuesta tanto creer que alguien (sea persona o asociación) lo tenga. Pero en lo que sé, me consta que el ser independiente es una realidad que desde algunas asociaciones que hacen análisis comparativos, o lo que es lo mismo, en OCU se mima y se cuida mucho. Por eso me resulta raro ver el uso torticero que empresas, en teoría, serias hacen de una asociación a la que, por razones obvias, conozco bien y quiero. 

Y por eso me duele.

jueves, 26 de febrero de 2015

LAS ASOCIACIONES DE CONSUMIDORES

¿Por qué pertenecer a una asociación de consumidores? Ciertamente creo que sería capaz de enumerar muchas, pero hoy quiero detenerme en un par de ellas, para mí las más importantes.

En primer lugar debemos pertenecer a una asociación de consumidores porque es fundamental mantenerla con nuestras cuotas. Una asociación de consumidores no puede (debe) recibir dineros que no procedan de los propios consumidores. Siempre pensé que quien paga, manda. Y esto, en el ámbito de los consumidores, es verdad. El precio de la independencia es, pues, la no dependencia económica de las asociaciones. Existen asociaciones con un sesgo concreto contra las que no voy a plantear nada, porque proceden de grupos determinados cuyo derecho a asociarse es sagrado. Es más, ¡ojalá todos los ciudadanos entendieran que ése en su principal derecho y su no menos principal deber! Así lo han entendido en otros pagos en los que, por encima de todo, son los intereses de los ciudadanos los que priman.

Y en esta realidad se entronca la otra razón por la que pertenecer a una asociación de consumidores es necesaria. No es otra que la fuerza. Porque de ella va a depender su voz y la potencia de su palabra, muchas veces, casi siempre en nuestro mundo, de denuncia. Porque hay cosas que no van bien, que deberían ser de otro modo y que, a pesar de las leyes, quizás demasiadas, siempre hay quien se sale de ellas y actúa como si no fuera con él (o ellos).

Por todo ello, por la necesidad de contar con asociaciones independientes y potentes es por lo que quiero abogar hoy. Siempre, en mi casi cuarto de siglo en una de ellas, añoré la realidad de los países de arriba de Europa, cuyas asociaciones de consumidores son tan poderosas que son capaces de hacer que una ley, del tipo que sea, si les afecta, pase antes por una consulta previa y que ningún gobierno que se precie ose sacar adelante cualquier norma sin contar con el beneplácito de una asociación de consumidores.

Son países con asociaciones de consumidores consolidadas sin que la división por otros motivos haya hecho mella en ellas. En el fondo, defienden los intereses de todos los consumidores y éstos suelen ser bastante similares (con cuantos matices se quieran poner) en todos los casos.