Estoy escuchando a un agricultor metido a prescriptor de este producto y no salgo de mi asombro por el desparpajo con el que habla de los beneficiosos efectos del mismo. Y las tonterías que salen por su boca, para justificar sus afirmaciones, son inimaginables.Lo hemos dicho muchas veces. Pero bastaría que con estas líneas uno sólo de nuestros lectores cayera en la cuenta de las churrullerías de este mensaje (en inglés, como si esta lengua aportara garantías suplementarias) para que yo pueda sentirme satisfecho. Porque es muy duro escuchar esas chorradas (no se me ocurre otra palabra) en un programa televisivo que parece tener tanto predicamento cuando la cosa es mucho más simple.
No es de recibo que este producto se plantee como alternativa a la quimioterapia y se hable de este producto ilegal como medicina con una ligereza inaceptable. Como tampoco lo es que Jim Humble, su fundador o lo que sea, plantee los beneficios para la salud que se atribuye con toda la comunidad científica (en bloque) en contra.
Y, desde luego, niego su procedencia si ésta es la jungla del Amazonas.
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