Por eso, aunque los precios por libro leído sean razonables, no hay derecho a que no figuren los libros más importantes en los catálogos de los principales lectores electrónicos. Ello, unido a las exigencias de la compatibilidad (no todos los libros están disponibles para todos los lectores electrónicos, aunque no es difícil la lectura en una tablet, un smartphone o un ordenador) hacen del libro electrónico un artículo en el que hay que ir con mucho cuidado.Cuestión aparte cabe decir de las llamadas tarifas planas. Permiten, con condiciones, cambiar de libro si el que leemos no suscita nuestro interés, lo cuál puede parecer una prestación interesante pero tienen un problema importante: su elevado coste hace que sólo interesen a la familias o a lectores cuyo consumo de lectura mensual sea elevado.
Además, si la intención es usar un lector electrónico o eBook hay que tener muy en cuenta la limitación de los catálogos ya apuntada. Ciertamente, las posibilidades técnicas están bien resueltas, en especial el tema del tamaño de la letra, pero eso no es suficiente.
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